El club de las brujas

El club de las brujas

jueves, 10 de junio de 2010

CUATRO: OJOS DE GATO


Consiguió adormecerse al alba, después de mucha vuelta y patadas por debajo de las sábanas. La curiosidad y el malestar la habían mantenido en vela más de la cuenta, pero ella sabía que ninguna pócima hacía efecto de veras en un completo estado de vigilia. Lo sabían hasta los del curso elemental de transfiguraciones y conversiones: ninguna fórmula podía ejercer su poder mientras el afectado permaneciese en estado de plena consciencia, era como engañar a una mente demasiado despierta, y no, había que atontar al cerebro, que dejara de estar en alerta para poder jugar con él y con el cuerpo. Así que lo dicho, después de patadas y saltos de desidia, se tomó dos calmantes que podrían haber dejado ko a un elefante, y acto seguido cayó redonda y todo lo larga que era en el catre.

Así que para cuando abrió el ojo, la temperatura ambiente había subido por encima de los cien grados y la habitación entera chorreaba en sudores y pestilencias. Los diablos tenían que levantarse muy temprano y abrir las placas frigoríficas eléctricas de buena mañana, de modo que sus hábitats se conservaran el resto del largo y ardiente día razonablemente frescos. Pero si te quedabas dormido más allá de las diez estabas perdido, el sol había hecho ya su trabajo y las paredes comenzaban a sudar, al igual que suelos y techos, un agua sucia y maloliente. Era uno de los inconvenientes del reino infernal que si no sabías regular acababa contigo en un santiamén, y eso por mucho que fueras inmortal.

Rosamunda miró con horror a su alrededor y vio cómo los muebles se estaban descomponiendo al abrigo de los rayos solares. ¡Claro, con tanta crema y tanta gaita olvidó cerrar las contraventanas, abrir las compuertas frigoríficas…! ¡Qué desastre, Juanorra se iba a poner como las cabras al volver de sus actividades lúdicas! ¡Ella que dormía hasta que se ponía el sol y no quería ruidos ni inconvenientes, y ahora esto! Tenía que limpiar y arreglar el desaguisado de inmediato. Miró el reloj, quedaban dos horas para que su madre, que habría bebido como la que más y estaría en la cama de algún nocturno playboy como ella, volviera farfullando y pegando golpes al mejor estilo pendenciero. Eso sino se había encontrado con el cursi de su padre, Garcilaso, que la tenía comido el seso. Pero mira, por esta vez le hubiera venido bien, porque con Terminator nunca se quedaba sólo una noche, sino que tenían jaleo para dos o tres semanas. Se ponían las botas, se devoraban las entrañas, y cuando uno de los dos quedaba en estado de coma etílico, el otro le llevaba a urgencias y hasta luego Lucas. Eso era una relación entretenida y lo demás cuentos.

Pero, pensándolo bien, Rosalinda le había pillado a su madre una carta donde su progenitor, después de insultarla como a ella le gustaba, le advertía de un viaje por la Polinesia y otras islas que no recordaba ahora con uno de sus jefes, en busca de enamorados, poetas y bellas especies submarinas. Un viaje de placer, donde sirenas y adelfas les seguirían los pasos de cerca, a buen seguro. Así que nada de Terminator esta vez. Juanorra estaría con cualquier indeseable y no lo aguantaría por mucho tiempo más, tenía que darse prisa en adecentar la casa o, por lo menos, la alcoba de su madre.

Con todo este lío se le estaba olvidando la pócima, su aspecto, el hechizo…¡ahhh! Pero nada de todo ello tendría sentido ni viabilidad si Juanorra la pillaba in fraganti, así que manos a la obra. ¡Primero la obligación y después la devoción!

Con ayuda de unos cuantos escarabajos gigantes que encontró debajo de la cama, y sobornó convenientemente con lametones y carantoñas, ¡puaj, lo que hacía una porque la ayudaran!, en un periquete le quedó la alcoba materna como una patena de reluciente. Las placas frigoríficas a todo gas consiguieron derrotar el medio ambiente enrarecido de hacía un rato, y para cuando dieron las doce aquello era otra cosa. ¡Vaya, para que luego se dijera que ella no tenía disposición! Le bastaba ponerse a trabajar para conseguir resultados, claro que, con una motivación como la mano abierta de Juanorra en su trasero y unos escupitajos verdosos en la cara, como la última vez que le echó bronca, no había quien se resistiera al curro.

Otra cosa. No se había mirado en ningún espejo, pero tenía que estar espantosamente bella o terriblemente doliente, así que mejor esconderse porque su madre no podía verla en plena transformación, o probablemente la confundiera con una sirvienta mortal y le propinara un castigo de no te menees. Los castigos de una bruja que pillara a alguien en su alcoba no tenían medida. Una vez espió a su abuela cómo azotaba sin compasión a un mayordomo que pilló borracho en su cama con una buena moza, y no se le había olvidado. Su madre era más perversa. Lo que más la privaba era atar a los criados, y eso aunque no hubieran hecho nada malo. Después les hacía cosquillas por las plantas de los pies con una pluma de avestruz, pluma que a continuación les metía por la nariz hasta hacerles estornudar, y como colofón soltaba siete u ocho cándidos roedores, cuando no ratas, que les mordían y les hacían chillar hasta quedarse afónicos. Eso la ponía loca, era su máxima diversión después de una buena noche de juerga.

Así que más le valía que no la confundiera con ninguna de sus esclavas, o nunca podría completar su hechizo-maleficio. El espejo; tenía que encontrar un espejo donde contemplarse. Lo que pasa es que casi casi no se atrevía a acercarse a uno. ¿Y si después de tantos escozores y revolcones en la cama no hubiera servido para nada? Total, ella no se notaba a simple vista ninguna transformación. Seguía con unos pelos como de mono, y unas piernas gordas y sonrosadas a simple vista, así que… De todos modos, las instrucciones decían que era imprescindible, antes de extraer conclusiones por una misma, verse reflejada en un espejo de cuerpo entero, a ser posible redondo para dulcificar el efecto. ¡Qué raro todo!

Bueno, pues un espejo así sólo había en casa de su prima Betún. Lo del nombre le venía por el color de la piel, que nada más nacer se descubrió el pastel de las infidelidades de su tía, a costa de quedar la hija como el mismísimo betún después del parto. El padre de Betún descalabró a su mujer de una paliza y se cargó a su amante, porque la infidelidad era algo archisabido entre los diablos, ¡pero con un mortal no! ¡Ni que fuera de raza superior ni pamplinas, eso no tenía pase! Porque un ángel, como el desliz de Juanorra, pues era cosa de respeto. Temor más bien, porque pertenecía a una especie divina, como ellos o más, y eso siempre era un qué. Un mortal, en cambio, despertaba racismo y repudio en la comunidad, sino era para romper mano en los primeros aprendizajes; después estaba fuera de lugar. Así que Betún se quedó sola, con una madre impedida por el descalabro, con siete hermanos y un padre asesino, borrachín y faldero, hasta el punto de que cada dos por tres se estaba propasando con su hija, que no era su hija. En fin, la pobre Betún llevaba una vida de lo más disparatada, entre tantos hombres y todos tan abrutados.

El caso es que a su prima le dejaron un espejo un día de regalo, probablemente algún familiar de su padre mortal que había conseguido traspasar la frontera. Los demonios y las brujas no querían espejos para nada, eran demasiado desagradables de aspecto como para querer ver su imagen por aquí y por allá. Pero Betún tenía un aire de princesa egipcia que valía la pena. La nariz aguileña al mejor estilo brujeril, los ojos rasgados de felino y la boca espumosa, cremosa, mordiente. Era muy sexy, a decir verdad. Ya hubiera querido Rosalinda parecerse en algo a ella. En cambio, la pizca de bondad que le hubiera quedado en el aspecto, por dentro todo era malignidad en Betún. Era una pura diablo. Por eso Rosalinda no podía confiarle ningún secreto ni siquiera a ella. Por mucho que su aspecto a veces la confundiera, una mirada suya la hacía comprender que era un bicho petulante, mentirosa, traidora y envidiosa como la que más. Se reía de la ambivalencia de su pobre prima, que era demasiado buena para combatirla, y demasiado fea para retarla. ¡Pobre patito feo con alma de cisne!, le gritaba constantemente.

Sin embargo, no quedaba más remedio que pedirle el favor. O quizás inventarse alguna argucia que ni la propia Betún pudiera descubrir. ¿Qué podía hacer salir a la negra flor de su casa y dejarle vía libre sin levantar sospechas? A esta hora todos sus hermanos o dormían o estaban por ahí escondidos planeando sus fechorías de la noche siguiente, pero lo que era seguro es que ninguno le prestaría la más mínima atención. ¡Ya está! Betún adoraba los maquillajes y todos los potingues faciales en general, así que le llamaría con una falsa voz invitándola a un vernissage de un centro de belleza nuevo en la otra punta de la ciudad, y no podría resistirse. Lo situaría tan lejos que tardaría por lo menos una hora en ir, darse cuenta de la treta y volver. Pero para entonces Rosalinda ya estaría de vuelta en su casa y no quedaría ni rastro de ella. ¡Vaya! Era toda una jugada, ¡qué pena que ahora que se le agudizaba el ingenio hubiera decidido transformarse en hada buena! Claro que, todos estos trucos, quizás tuvieran una aplicación en el Cielo igualmente. Orientados a hacer el bien, ¡quién sabe!

Así lo hizo. Llamó con la voz de una refinada peluquera que había escuchado tantas veces en la televisión y Betún sucumbió al envite como estaba previsto.

-¿ A qué hora dice Ud. que me presente?

-Si, señorita. En realidad, yo que Ud. vendría con una escoba ultraligera ya mismo, porque las otras clientas están saqueándonos de muestras y existencias que, ¡veremos si nos queda algo cuando finalice la fiesta! Dése prisa o se perderá todos los chollos de la inauguración-.

-¡Oh, oh! ¡Voy aunque sea lo último que haga!

Y así fue como Rosalinda consiguió que Betún saliera despavorida de su casa, sin acordarse ni tan siquiera de cerrar la puerta de su armario de los secretos. Imperdonable en una bruja de su edad.

10 comentarios:

  1. ooooooooooohhhhhhhhhhhh!! me he quedado con la intriga!!!! dime por lo menos si Rosalinda quedará como su nombre!!

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  2. Vaya, todavía no sabemos qué efecto causó la pócima en nuestra entrañable brujita, jajaja me encanta esa imagen que describes con las paredes ¡sudando! Imagino a esos escarabajos ayudando a poner todo en orden. Me pregunto qué haríamos nosotras si viviéramos sin espejos, jajaja y lo de Betún obsesionada con la cosmética y el maquillaje me parece genial. Me encantaría que describieras ese centro de belleza para brujas, jajaja

    besitos

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  3. ANÓNIMO: uyyyy no puedo desvelarte tamaño secreto de la bruja, o me caerá un maleficio a mí por descubrirla...

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  4. Pues mira que curioso, hoy he decidido tomarme el día mediodefiesta. Total, que “pa” disfrutar un ratito de este día lluvioso, me he servido un jerez, he puesto música, he mandao a tomar por culo varias obligaciones que pueden esperar y me he puesto a leerte. Ves a saber si ha sido Garcilaso, Rosalinda, su madre o cualquier otro ser mágico pero las norns del destino han querido que lea esta cuarta entrada justo cuando sonaba MAQUILLAJE de Roberto Goyeneche. No sé si conoces este Tango. Pero, vamos, que la cancioncita le queda que ni anillo al dedo. (Pondría un enlace pero no tengo ni puta idea de cómo se hace…. ) un saludo

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  5. JO GRASS: Betún es una brujita ambivalente también, en este caso guapa por fuera y malísimma por dentro, un poco a lo Campbell por eso me inspiró la foto para mi 'ojos de gato'... y efectivamente está obsesionada con los sets de belleza y sobretodo con la juventud, lo verás próximamente... Rosalinda la pobre no tiene nada que hacer frente a su prima egipcia, que está rebuena y es una pérfida, pero la frivolidad pueder perder a Betún por los salones de belleza y dejar al descubierto sus secretos...

    CARLOS: pues no conozco Maquillaje pero si le va como anillo al dedo la buscaré para ponérsela a Betún a ver si se consuela jeje... este tipo de casualidades dan muy buen rollo, no? y sí, un día lluvioso acompaña para que te dejes seducir por la lectura la copita y la música, las obligaciones pa el lunes!!!

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  6. Creo que me va a gustar esta Betún, espero que la sigas teniendo presente en tu relato, je, je, je... Me encanta esa visión del infierno derritiendo las casas...

    Me he leído de un tirón las dos últimas entregas, por eso no te comenté en la anterior... Y ya estoy esperando la siguiente...

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  7. XDXDXD!!
    Cómo me he reído cuando los dos escarabajos gigantes ayudaban a Rosamunda a limpiar la casa, al más puro estilo de los ratoncitos de Blancanieves. Muy bueno

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  8. http//:boheme.zruspas.org13 de junio de 2010, 16:15

    Los escarabajos, al contrario que las cucarachas, me hacen mucha gracia y me gusta observarlos en el campo. Estoy deseando ya que la niña se mire en el espejo de Betún. Ya me dirás lo que nos tienes preparado. Un beso y me he reido con tanto calor. Lola

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  9. JUAN RODRÍGUEZ MILLÁN: Betún es una princesita egipcia más mala que cortarse con un cuchillo afilado... veremos si Rosalinda puede sacar algo de ella... porque la pierde la cosmética y está desesperada por conservar la belleza... ésa de la que Rosalinda -hasta ahora- carece... el infierno se deshace al sol, claro está...

    BOHEME LOLA: pues hija, qué suerte tienes que no te den asco los escarabajos, yo de sólo pensar en ellos me enervo... Betún tiene espejo, efectiviwonder, a ver si Rosalinda consigue mantener alejada a Betún el tiempo suficiente... ´

    ANÓNIMO: qué bueno que leas español, miraremos tus watches a ver si aún con la crisis se puede gastar algo...

    NATI: puaggg qué asco me dan a mí esos escarabajos jajaja... lo que hay que hacer en los bajos fondos...

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