El club de las brujas

El club de las brujas

viernes, 15 de octubre de 2010

NUEVE: MISTERIOSA ENERGÍA OSCURA


De Angelis escuchó un portazo que le sonó a rayos y retumbó en su cabezota como si fuera un trombón. ¿Dónde estaba? ¿Qué hora era? De pronto lo entendió todo, ¡había caído en las garras de la invencible Juanorra! Se incorporó a duras penas y comprobó que tenía el pitirrín empequeñecido y que parecía un escupitajo. ¡A saber qué tretas utilizó la muy loba esta vez! ¡Ya sabía que esta visita no le traería nada bueno, con la de trabajo que tenía! ¿Trabajo? ¿Había dicho trabajo? Una punzada de hielo le atravesó el corazón que no tenía. ¡Por Satán! ¿Qué día era? Buscó entre las botellas de güisqui, los potes de mermelada, la miel llena de avispas ¡tupido velo, a saber qué habían estado haciendo! hasta que encontró su billetera y su reloj interplanetario. ¡No! ¡Era imposible que hubieran pasado siete días y siete noches desde que llegó allí! ¡Siete días a pierna suelta, Satán no se lo perdonaría nunca! No sólo había perdido a los japos del trapicheo, sino algo mucho peor, ¿y la Cumbre que habían estado preparando? ¡Era su ruina!

Se fue trotando y farfullando, con los pantalones a medio subir y rezumando a sudor, a alcohol, a jugo vaginal... Pegó cuatro gritos por las escaleras y para cuando salió al exterior se encontró un panorama desolador. Pestilencias, cuerpos desnudos e inconscientes, ratones y cucarachas haciendo el agosto... Prefirió no seguir con el espectáculo, él mismo conduciría la camioneta hasta el cuartel y enviaría a otro de sus batallones a recoger aquel desaguisado. ¡Tenía que echarles a todos a patadas del regimiento, no eran dignos de ser un batallón de primer nivel!

Todavía pudo verle pasar Rosalinda desde el banquito en que se había aposentado a leer el libro de los hechizos. Es más, por poco le atropella sus lindas piernas (bien cubiertas, eso sí) con el pedazo de tanque que conducía a trancas y barrancas. Y, aunque se apartó tímidamente, no logró evitar que el charco en el que patinó la rueda la llenara de barro y pestufo.

-¡Ah, maldito bribón, hasta el último momento jodiendo la marrana!- Rosarillo se quedó paralizada al escuchar su propia voz emitiendo semejante palabrerío a grito pelado. Tanto fue el vociferio, que De Angelis hizo chirriar los neumáticos del frenazo que pegó, con el consiguiente remojo de la víctima por segunda vez, sólo que ahora callada y enmudecida.

De Angelis la miró fíjamente con ojos desorbitados e inyectados en sangre:

-¿Qué has dicho, vieja leprosa?

-¡Oh, nada … yo … que maldito bombón, y qué vaya pedazo de banana!

-¡Ah, si no fueras una infectada apestosa lo que haría esta “banana” por ti! ¿Pero oye, no eres tú la que … acaso no te dije que apartaras tu carne leprosa de mi vista? ¡Sí, sí, sal corriendo pero ay de ti si mis ojos vuelven a cruzarse con los tuyos! ¡Haré que te arrastren del pelo y la poca carne que te queda se perderá por los caminos, óyeme bien!

La presunta leprosa se dijo ‘piernas para qué os quiero’ y salió disparada por una pequeña bocacalle en donde no la pudiera perseguir la tanqueta del general. ¡Pero qué desastre, qué desfachatez, qué cúmulo de malas chances! Y lo peor de todo era que le habían vuelto a estropear el disfraz, ¿qué iba a hacer ahora?

De Angelis salió farfullando como el que más y se apresuró en poner la tercera y luego la cuarta y luego la quinta, de modo que el bólido aquél volara por los caminos polvorientos hasta el palacio de Satán. Claro que con esta pinta, mejor pasaba antes por el cuartel a darse un buen duchón. Olía a perro desnudo y encabronado, lo que era ¡vaya!

Una vez se hubo repeinado los cuatro pelos que le quedaban y que, a buen seguro, Satán le arrancaría de una paliza, se encaminó a verle sin más tardanza. Los malos tragos había que pasarlos cuanto antes, ése era su lema, que bien alto le había puesto siempre los galones. Claro que esto era otra cosa, si es que no podía deshacerse en favores para su mejor amigo Terminator sin acabar mal, en especial con Juanorra de por medio. Era una loca viciosa y no era de extrañar que Term no encontrara la paz ni en el reino de los mismísimos dioses teniendo a esa ninfómana en la cabeza. Por otra parte, ahora en frío tenía que empezar a considerar muy seriamente cómo le “vendería” a Satán una ausencia pacata como la suya en un día crucial para los ejes divinos y malignos. ¿Cómo se las habría arreglado sin él? Bien sabía De Angelis que Satán no tenía un pelo de tonto y que labia no le faltaba, pero una cosa era labia y otra currar. Y de esto segundo es que el Jefe ni palota. El se daba a las grandes relaciones, a idear esto o aquello, pero sin herramientas con las que ejecutar sus pensamientos, estaba perdido. Vamos, que necesitaba apuntador, como un vendedor necesita mercancía o un sastre el traje o, peor, un maître a un camarero que lleve y traiga los platos. Y especialmente delicadas eran las sesiones en donde acudía Dios como interlocutor máximo. ¡Si lo sabría él! Cuando los Jefes parloteaban entre ellos de sus cosas eran como dos fieras enfrente la una de la otra. Entre el energético Amor que desprendía uno, y la Ira maldita que irradiaba el otro, eran dos campos electromagnéticos en constante pugna y se les salían los ojos de las órbitas de sólo mirarse. Por eso hacían falta otros ponentes de menor nivel y con más sintonía para cortar la onda y abrir debate. C’est á dire, el bello Garcilaso y De Angelis el terrible. Y en esta ocasión, con más razón si cabe, puesto que los sabidillos querían desbancarles con teorías científicas y ecuaciones…

¿Cómo no se le había ocurrido antes? Tenía, antes que nada, que llamar a su bello amigo e informarse previamente de los pormenores. ¡Garci le debía eso y mucho más! Además, tenía muchas noticias para él y muy sabrosas… ‘¡Garci, viejo delfín, deja de sobar a pierna suelta y ponme al día, que estoy fuera de mí!’, le inquirió desde su moderna pantalla digital.

-¿Dónde te has metido requetechocho? No, si ya me lo imagino, todo lo que digas es poco para calmar mi sed de suculentas news. Pero tu Jefe quiere echarte, y ni la mejor de las fellatios que le propongas calmará su sed de mal. ¡Esta vez Juanita te la ha jugado pero bien! Y eso que Satán no sabe que estuviste con esa vieja bruja, porque no soporta que te vayas con mujeronas y se le pone el pito tieso de pensarlo, vamos que no ha rechistado ni un soldado raso de la guardia oficial. ¡Ah, pero los ha hecho capar a todos, te has quedado sin segundo ni tercer regimiento, y espera a ver lo que hace con los de primera línea cuando los encuentren! En cuanto a ti, no quiere ni mentarte, está incendiario, chico, ¡no sé cómo vas a salir de ésta! Si no fuera el mismísimo Satanás, el rey del mal, de los injustos, de la herejía y la destrucción, diría que lo tienes más enamorado que un pimpollo en primavera. Hasta tal punto se le ha visto descompuesto y desvariando en la Cumbre, que por tierras celestiales ya es la comidilla, y se comenta si los cambios climatológicos no habrán hecho mella en él y se estará convirtiendo al Bien.

-¡Tan grave no puede ser!

-Sólo un detalle. Cada vez que yo te mentaba en una de mis ponencias, en que largo y tendido hube de explicar nuestras razones para una confabulación inminente, todos pudimos observar cómo tu nombre le ponía de color amarillento enfermizo y, te diré más, se le hinchaban los pezones y los genitales igualmente.

De Angelis permanecía mudo de asombro, no podía articular ni gesticular nada. Estaba aterrado.

-Por lo demás, yo me llevé todos los honores. Mi Jefe está exultante de triunfo y virtud más que nunca, y me he ganado unas vacaciones sin hacer de musa de artistas currantes, ni aguantar a pelmas beodos ni angelicales hadas, ¡solos yo y el mundo por montera! Puesto que se avecina una buena entre tu reino y el mio, Dios, que es tan considerado y sabe lo duro que es pensar, me deja a mi libre albedrío para ir unos días a donde yo elija, al sitio más placentero y menos divino que se me ocurra, a …

-¡A París! ¡Irás a París!

-¿A París? ¿A la ciudad del Amor con mayúsculas, de los poetas y los pintores? ¡Ni hablar del peluquín! Había pensado en un sitio gris, neutro, que no inspire a nadie, donde ningún artista recalaría para crear nada, yo no sé, algún limbo debe de haber…

-¡Que no, diantre! Irás a París y te reunirás allí con tu chochita, ¡atontado!

-¿Qué me dices? ¿Pero qué me dices? ¿Pasear yo con mi Juanita por las calles de un París atestado de enamorados, flores, lujo y arte? ¡Ese sueño sí es mi sueño! ¡Lucir a una fea vieja patata como ésa en medio de tanta virtud! ¡Sería el colofón de una vida llena de soles, enseñarla al mundo de los amargados terrícolas, que vean cómo el Bello Garcilaso presume y se contonea al lado de una vieja cotorra con patas de cerdo y garras por manos! ¡Oh, no imagino más bello espectáculo y mejor desplante a las damiselas que otrora me piropeaban! ¡Pasen y vean, señoras de la alta costura, quién es la que se lleva este pastel envenenado! ¿De qué os valdrán ahora los vestidos caros, los gimnasios y la silicona? ¡Nunca podréis igualar a este corazón helado, que me mira con ojos saltones y me rasga la piel a tiras con un solo dedo! ¡Ah, efímera y aburrida belleza la vuestra mes chéries!

-¡Eh, que se te va la olla! Juanorra no paseará contigo a la luz del día por Feabourg Saint Honoré o por Champs Elysées ni aunque la pagaras con una visa oro. ¡Si la conoceré a esa vieja! ¡Vomitó en mi camisa de comandante de sólo mentarle la idea! Dijo que quiere algo rematadamente sórdido en Paris la nuit, confundirse entre las putas, el alcohol de los borrachos y los proxenetas de Pigalle. ¿Qué tal así?

-Mais bien sur, mon ami. ¡Será como quiera mi reina! Le mostraré todos los pormenores de una ciudad sin ley, y todos los prostíbulos y las meretrices de la noche estarán a nuestro servicio, ¡faltaría plus! ¿Qué más te dijo?

A veces se preguntaba cómo narices una bruta como J se había enamorado tan perdidamente de aquel cursi. Es más, se admiraba tanto de eso como de que fuera amigo de él, su único amigo para ser más exactos. Estaba dotado de inteligencia, eso sí que era incuestionable, y ésta no atendía a signos políticos ni ejes positivos o negativos. La inteligencia era lo que les permitía dominar el jodido mundo de los mortales, y daba igual que Terminator fuera un cursi, un relamido, un pastelazo en definitiva. Y Juanorra, pues quizá les gustaba tanto a los dos por eso mismo; era una burra, pero una burra con talento, perspicaz y larga como ninguna otra. Y, a la fin y a la postre, eran sus ambivalencias y contrastes los que les habían unido en esta confabulación amoral y sin fronteras. Si lo pensaba bien, hasta le daba envidia que fueran a encontrarse como dos tortolitos esos dos viejos zorros. Y él nada, a dos velas.

-¡Eh, eh! ¿Qué contestas a mis cuitas?

-¿A tus cuitas?- dijo De Angelis disimulando su ensimismamiento – nada, nada, ¿qué voy a contestar? ¿Quieres de una vez decirme qué pasó en la Cumbre?

-¡Pues qué quieres! Fue descafeinada, desde que tu jefe se ha enamorado… ya no es lo que era, las fuerzas del Mal estaban debilitadas y así no hay quien pille un buen encuentro, pero bueno, que los científicos hicieron su trabajo, expusieron sus sabias teorías y cada uno adujo sus razones. Lo que pasa es que cuando se ponen a hablar ellos, ni Dios ni San Pedro se enteran de nada, y yo venga que darles codazos a uno y otro para que no reclinaran el asiento, que ya me los conozco, un buen vinito fresco y hala, que Garci se lo curre y ellos a dormir a pierna suelta. De lo que pude yo comprender, sin ser más que un iniciado, como tú, la cosa está así. El puto Universo cosmológico, infinito y aséptico como una bola de grasa sin sal y neutralizada, nos gana terreno, esa es la gran cuestión a combatir, y mucha teoría y mucha gaita, pero allí nadie se mojaba para decir qué solución ponerle a esto. Como siempre, my friend, los unos cardan la lana y los otros tienen la fama. Quiero decir que allí todos marisabilllos y extremadamente cultos, pero de hincarle el diente al problema, nada de nada. Nos lo tendremos que currar tú y yo al final, como todas las cocinas en que nos metemos, ya se sabe. De hecho, si lo piensas bien, es la única alternativa que tienes para salvarte del sermón y las torturas que te propinará tu jefe por el plante que le has dado. El sabe que no puede confiar en nadie sino en ti para echarle unos buenos eggs al asunto y ponerse manos a la obra.

-Sí, ahí siempre somos imbatibles. Ni Archifranco ni Valenciennes, que son de los mejores ideólogos que tienen nuestros jefes, les sacan luego las castañas del fuego cuando vienen dobladas…

-¡Jahh, a esos dos teóricos los quisiera ver yo en el frente! ¡Ratas de biblioteca!

-Y si lo piensas, son los que mejor viven, de telescopio en telescopio, todo el día observando el cosmos, viajando por las constelaciones, tomando notas, haciendo experimentos…

-Sí, riesgos ninguno, pero ¿y las juergas que nos pegamos tú y yo después de un buen combate cuerpo a cuerpo? ¿Y nuestras luchas encarnizadas por conseguir adeptos tras una guerra cruenta o un desastre natural? Ahí, ahí tenían que estar, verse en una de ésas, pisar el fango y ponerse de sangre hasta las botas para saber lo que es el mundo real, y no esos rollitos que se traen, que si las supernovas, que si la Vía Lactea… ¡idiotas! ¿De qué te ríes?

-Estaba pensando en la que les jugamos a esos dos necios en aquella reunión interestelar donde tenían que brillar como dos luceros parlanchines, es que cada vez que me acuerdo…

-Sí, la noche anterior María la sapo y Beatrice nos dieron un buen golpe de mano, ¡les hicieron olvidar hasta el santo de su nombre!

-Así que al día siguiente, empinados aún que iban, no se acordaban de dónde tenían sus papeles, y tú y yo amablemente les ayudamos a encontrarlos, claro, ¡sólo que intercambiados! ¡Acuérdate la cara de Satán cuando vio que Valenciennes defendía ardientemente las razones del Cielo, vamos, con toda su efervescencia!

-¿Y el papel de Archifranco? ¡Con esa cara angelical y balbuceante todavía, propinando dardos envenenados contra el Bien y sus amores!

-Nos la tienen jurada desde entonces. De hecho, en la Cumbre desde luego que Valenciennes trató de lucirse más de lo habitual en él, y estaba rojo de esplendor al ver que tú faltabas en tamaño evento. Te puedo decir que hasta le tocaba la entrepierna a Satán mientras escuchaban mis argumentos.

-¿Usurpando mis labores?

-¡Como lo oyes! Y más que eso, deberías verlo, le doy al enter y te paso la grabación, que ya está lista. Así al menos podrás estar al tanto de todo antes de vértelas con todos esos pajarracos. Enviado. Y ahora tengo que dejarte, luego nos hablamos, por cierto que te entretuve a unos nikkeis…no sé si te podrás acordar pero tenías un negociete entre manos…en fin, te lo cuento después, cambio y corto.

De Angelis le dio al enter y se dispuso a darle una rápida ojeada a más de lo mismo, siempre esos vanidosos dándole vueltas a la caída del higo chumbo, pero no había más remedio que ver el debate, si quería saber con qué contaban y cómo salirles al encuentro…

“… damos comienzo a la decimonovena Cumbre de la sexta era del período clavicémbalo, instrumento del siglo dieciocho según el período humano año ciento cincuenta millones. Han hecho acto de presencia ya los jefes supremos, con lo que damos por iniciada la primera sesión a las horas diez del noveno día de la fecha indicada…”

‘Buff’, pensó De Angelis, ‘¡cuánta parafernalia, cómo se nota cuando vienen los grandes jefes! Paso un trozo que esto ya me lo sé de memoria y vamos al meollo de la cuestión…aquí está, la primera intervención del cosmólogo Maggiore, captado de la Firenze de los Medici, ¡éste no me lo pierdo!’

“…sus señorías, hemos inaugurado esta Cumbre con un propósito bien preciso que a nadie se nos escapa. Iré al grano, no me gusta andarme con florituras: nos estamos quedando sin seguidores. Silencio sepulcral y varias toses. Prosiga, profesor. Sí, señoría. ¡Pero bueno! ¿Y esas caras de estupor? ¿A qué ahora con esa sorpresita en la mirada de ‘yo no he roto este jarro’? No me miren así, lo que digo es más que una conjetura, no está sacado de las estadísticas, es sólo la verdad aplastante. ¿Qué les choca? ¿Mi tono burlón, el apremio de mi voz, o han dado un paso más y han ido hasta el fondo de mis palabras? Aunque por otra parte, no debería yo asombrarme de su asombro, de su incredulidad. ¿Cuánto hace que no se pasean por la Tierra? ¿Cuándo fue la última vez que ‘pescaron’ un cliente? ¡Ahí está! Ustedes, señorías, se han dedicado al dolce far niente, dijo mirando al ala blanca de la derecha, y en cuanto a ustedes, ala oscura, ¡pecattori!, entre fiesta y jolgorio han descuidado tentaciones, mentes turbadas y embrujamientos de otrora. ¿Pues qué piensan? ¿Acaso creen que subsistirán si Ellos desaparecen? ¿Si todos los creyentes se extinguen allá en la Tierra sin pedir amparo ni asilo? ¿Si no hay más seres humanos que crean en ustedes? ¡Mentecatos! Las fuerzas del Bien y del Mal están en receso, es un hecho; los mortales no tienen tiempo que perder y todo lo que hacen es vivir el día a día sin pensar en su muerte. Viven cada vez más alegremente, y entre sus preocupaciones no se encuentra, créanme, el Más Allá. Es más, han dejado de invertir en su futuro y piensan que cuando exhalen su último soplo de vida terrenal, lo demás no importará. Verdaderamente, es una tragedia. Cuando yo llegué a Celeste, a regañadientes, todo sea dicho, y muy contra mi voluntad, las cosas en la tierra que dejé eran bien distintas. A los que nos habíamos negado a tomar en serio la existencia de Dios, nos llamaban herejes y nos quemaban en la hoguera de las vanidades. Pero de ese mundo que yo dejé hace más de cinco siglos, o seis qui lo sa, ya no queda ni gota. Ahora las modas son otras, y quien castiga con el fuego eterno es objeto de burlas hasta por parte de los infantes. Nadie ve a las meigas, ni quedan niños poseídos, ni las madres engendran fetos demoníacos… ni siquiera los curas infunden el temor de antaño ni hablan de Lucifer el honorable… si acaso las videntes, en su mayoría timadoras, y los curanderos de pueblo, ésos son los únicos que conservan algo de autoridad en cuestiones de brujerías magias y otras supersticiones. ¡Es el fin!

¡Clongk! Pasa la palabra al emérito y nunca suficientemente valorado profesor Archifranco. ‘Mira que le tienen pelota a éste los de la redacción’, se dijo para sus adentros De Angelis mientras comprobaba absorto cómo se habían desarrollado las intervenciones. Le dio al ‘pause’ para hacer un pis y volvió a darle al ‘play’.

“Profesor Archifranco, proceda. Distinguida audiencia y señorías todas, muy buenas tardes. ‘¡Mira que era redicho!’, tentado estaba de darle a la tecla de ‘pasa rápido’. Nuestro distinguido compañero y bien amado colega Dott. Maggiore nos ha ilustrado, como nos tiene acostumbrados, con una de sus imponentes charlas, calurosa, entretenida y sobretodo muy popular. ¡Pero señoras y señores, no estamos aquí reunidos todos los sabios del Bien y del Mal para andar con reprimendas y clases de párvulos! ¡Por favor, somos científicos, no representantes de teatro, seamos serios!

Ciertamente que hay motivos de alarma. Fueron esos mismos motivos los que provocaron que el grupo de prestigiosos cosmólogos, entre los que tengo el placer de hallarme, fuéramos convocados por sus majestades el Divino y el Maligno, aquí presentes, para encomendarnos una misión secreta y estrambótica por sus métodos y fines. En definitiva, lograr unir nuestras siempre contrapuestas fuerzas e intercambiar los conocimientos que, hasta ahora, habíamos ocultado con celo a nuestro mayor adversario. Se nos pidió, pues, que nos sentáramos alrededor de una misma mesa en aras de un fin que se hallaba por encima del Bien y del Mal: nuestra pervivencia.

Héme aquí ahora, con un paquete de conclusiones que me honra trasladaros, sus señorías. No os aburriré con cifras y fórmulas matemáticas, que demasiado conocéis; todo cuanto relato lo hallaréis perfectamente documentado en los chips que habéis recibido y que son, huelga decirlo, personales e intransferibles. Los asimilaréis al poco de su inyección. Os haré pues un breve resumen, más ilustrativo y gráfico que otra cosa.

Dicho lo cual, Archifranco y sus secuaces se pusieron a dibujar durante dos largas horas en la gran pizarra que tenían a sus espaldas. Mientras, los científicos debatían y se fumaban largos puros habanos para combatir el abatimiento de que estaban siendo presa, a medida que los chips implantados iban transportándoles a la horrible realidad de las conclusiones encontradas.

Bien, estos dibujos son una buena ilustración de lo que está pasando. Durante millones de años hemos vivido con la sana y esperanzadora ilusión de que Universo, como tal, no ocupaba más que un espacio banal y no determinante en nuestra honorable eternidad. Sumergidos en la burbuja del placer y el divertimento, cada ala a su manera, formábamos parte de un cosmos, más que otra cosa, virtual. ¿Qué nos había preocupado a nosotros más o menos si un día u otro la naturaleza fue creada, y si eso o aquello fue antes o después? Dios estaba ahí, el padre de todas las criaturas, vivas o inertes, y en El radicaba cualquier explicación. Nos hicimos, poco a poco, una cabida en el pensamiento de los humanos. Y nos sentíamos cómodos en esa tesitura.

Dios, mi Señor, por su parte, no sé qué dirá de esto, pero ha tenido siempre una postura fría y distante en estas cuestiones, y si eran o no eran de ese modo, no parecía preocuparle. Nos mantuvo, en cualquier caso, en la ignorancia mientras pudo. ¿Quizá por no preocuparnos más de la cuenta? Archifranco le dirigió una mirada y la cámara se dirigió hacia la celestial figura, sin embargo nada halló porque Dios se encontraba transformado en una pura energía dorada y poco más podíasele ver. ‘¡Era exasperante!’, pensó De Angelis. ‘Este individuo se quitaba de en medio a la menor confrontación. ‘¡Cuán difícil debía de ser trabajar para él!’.

Sea como fuere, hemos vivido en un limbo del conocimiento, haciéndonos en esto semejantes a los humanos del ayer. ¡Ah, pero los humanos nos han tomado la delantera y se han puesto a investigar de una forma imparable! ¿Y qué nos ha tocado hacer? Después de que nos llegaran anónimas voces de alarma, por no mentar la falta de vocaciones para entrar en nuestros lares, decidimos descender a sus dominios y comprobar lo que estaba pasando. Ha sido un proceso largo, arriesgado, donde han debido perder la identidad algunos de nuestros compañeros, y otros han contraído enfermedades incurables. Sin embargo, a todos nos ha unido la ilusión de un futuro posible. ‘Cabrón’, se dijo De Angelis, ‘cómo se nota que no es a ti a quien han contagiado’. Veo en vuestras caras cómo estáis notando ya penetrar en la sangre las conclusiones que hemos dibujado. En definitiva, las supernovas han confirmado lo que los hombres ya denunciaban, algunos hombres al menos, hace apenas unos decenios. Que la vida no es constante y uniforme, que materia y energía están en constante evolución y transformándose la una en la otra, que Universo es un globo que se hincha lo mismo que se deshincha, que, entre las galaxias, la fuerza gravitacional pugna con la fuerza electromagnética, de modo que una a la otra igual se neutralizan que se ganan la partida. ¡Así que hoy y ahora, nos atrevemos a decir con contundencia que la teoría del Universo estacionario es una patraña!”

De Angelis era lego en estos temas y no entendía ni jota. Ya se lo había advertido Garci, por otra parte, pero desde luego parecía que esto del Universo en expansión y en recesión era de lo más preocupante. ¡A él que le dieran un buen batallón de soldados bien pertrechados de lo que había que tener, y a buenas horas mangas verdes! ¡Estos científicos a veces se pasaban de listos! Tenía que ir a ver a Satanás cuanto antes y advertirle de que había que retomar el curso de los acontecimientos o el poder, el verdadero poder, se les iría de las manos con tanta labia. No le gustaba nada lo que estaba viendo, pero bueno, seguiría avanzando un poco más por si cambiaba de cariz el asunto. No dio crédito, desde luego, las imágenes hablaban por sí solas.

Valenciennes, el hombre de ciencia más apegado al Mal y fiel detractor de todas las teorías del proff. Archifranco, ¡le aplaudía! Las cámaras tomaron inmediatamente nota del gesto, para tomar después el pulso de la mesa donde radicaba el Poder. Satán, desde luego, estaba rojo de ira que daba pena verlo, sin poder articular palabra, balbuceante, ¡pero qué pena, por el Señor!, y en cuanto al Ser celestial, se había tornado azulado y una aureola de estrellitas rodeaba su cabezota, estaba más ausente que nunca, como si todo aquello no fuera con su Excelencia.

¡Clongk! Rogamos al eminente doctor Valenciennes que tome la palabra.

“-Por una vez en toda mi larga trayectoria, no puedo más que estar de acuerdo con el Dott. Archifranco. Otra cosa sería imposible, puesto que juntos hemos ideado el plan de aterrizaje y aprendizaje en la Tierra, y del mismo modo hemos redactado las trágicas conclusiones que hoy nos unen. Universo no es estacionario. Universo tuvo un origen, y puede tener un final. En nuestras inmersiones en los laboratorios hemos hablado con las mayores eminencias de la materia, y les hemos abordado desde diversos puntos de vista hasta convencernos de lo que estamos diciendo. La teoría del big bang ha ganado adeptos y goza del mayor prestigio en la comunidad internacional, y a esta teoría denominada del ‘huevo cósmico’, o comienzo por explosión energética convertida en materia, hay que ponerle un colofón, todo lo que comienza tiene un final. Las teorías oscilan entre quienes sostienen que el big crunch está por llegar, apenas unos escasos ciento cincuenta millones de años más y estamos ante la hecatombe de la reconducción al huevo cósmico por arte de la magia gravitatoria que nos unirá y nos destruirá. O bien la teoría del Universo en constante expansión, ganándole la partida recientemente a la anterior, con lo que, en pura teoría, las constelaciones se estarían paulatinamente distanciando las unas de las otras hasta dejar de verse ni tocarse. Esta teoría de que Universo se expande de forma cada vez más acelerada gana más y más adeptos, y la explicación se la dan a una llamada ‘energía oscura’, que es la que está provocando su extensión ad infinitum.”

‘Esta comida de tarro se merece, decididamente, un güisqui doble’, se dijo De Angelis mientras se frotaba los ojos y luchaba para no quedarse dormido. Veía borroso, y es que siete días y siete noches con Juanorra no se olvidaban así de fácil.

“Nos preocupan varias cuestiones en todo esto, como habéis adivinado ya. Al principio, creímos, ingenuos, que la llamada ‘Energía oscura’ era una especie de energía del Mal, creada y fabricada por nuestros esclavos en revancha por sus trabajos, inmerecidos y desagradecidos, por supuesto. Una burla, eso pensamos. Así que inmediatamente nos pusimos a investigar sobre la misma, pero para nuestro mucho pesar, los pobres desgraciados que trabajan para nuestros fines no podrían crear nada parecido. De ser capaces, nos habrían desbancado hace tiempo. Descartamos, por tanto, esa idea que tan felices nos había puesto. La segunda y única esperanza era que nuestro Dueño supremo estuviera metido en algún complejo y experimental proyecto del que nada nos hubiera mencionado, sus razones tendría. Y fuimos a preguntarle, pero tampoco su respuesta pudo satisfacernos. Así que nada hemos podido hallar acerca de esta Energía que todo parece absorberlo, y que es más fuerte que la propia fuerza gravitatoria y atractiva por definición de la materia.

Las disyuntivas que planteamos son: ¿si la evolución universal está en su nueva compresión y torno al estado inicial, transformándose de nuevo en ‘huevo cósmico’, y con ello en energía pura, habrá un nuevo estallido o big bang que nos devuelva la materia, los planetas, las estrellas, las galaxias, otra Tierra, y otra vida inteligente, en definitiva? O, por el contrario, si la teoría de la constante expansión de Universo es la verdadera, ¿quién es esa Energía oscura, cómo se presenta, con qué armas combatirla a fin de no ser engullidos y superados por ella?”

‘Rectifico, dos güisquis dobles no serán suficientes, lo mejor será bajarse al bar, pedir una botella y dormir la mona en consecuencia. Si la cosa es tan seria, se dijo De A, a estas horas Satán no se acuerda ni del santo de mi nombre. Seguro que cuando me despierte se me habrá ocurrido alguna idea que, quizá no sea tan archisabionda como la de aquellos listillos, pero a buen seguro que será más ocurrente y le dará a Satán para reír, cuanto menos. ¡Hala, a beber y comer que mañana será otro feliz e incoherente día, razón de más para aprovecharlos bien si era verdad esa tontería de la energía oscura y el huevo clínico o como demonios lo hubieran llamado!’.

http://sophimania.blogspot.com/2008/11/la-fuerza-oscura-s-existe-postulan.html

viernes, 24 de septiembre de 2010

OCHO: el Universo, el Bien y el Mal



En capítulos anteriores... Rosamunda se convirtió en Rosalinda a través de un hechizo que ella mismo se cocinó, y planea salir del lugar infecto en el que habita en el Infierno y ser un hada celestial, como su papá... su madre Juanorra, la más fea del Reino del Mal, ligó de nuevo con el Bello Garcilaso, un ángel perverso que está loco por sus patas de puercoespín, y mientrastanto los jefes del Infierno y del Cielo, alias Satán y Dios, han encontrato un enemigo común que amenaza con destruirles: se llama Universo y no tiene credo ni religión.

¿Dónde se habría metido su fiel De Angelis? ¡Maldito demonio! El batallón más importante de su ejército de élite y precisamente hoy, nada, ni rastro de ellos. Sus secuaces habían salido a buscarles desde hacía dos horas, pero no hallaban noticias. Ni las cámaras rastreadoras, que se hallaban por todos los barrios de la periferia, tampoco daban señal alguna. Lo cierto es que todo el mundo sabía dónde se encontraban el Angel redentor y su tropa. Todos, menos Satán. ¡Pero cualquiera les descubría! La última vez que alguien se fue de la lengua, lo pagó bien caro y no había podido volver a articular palabra de por vida eterna. ¡Vamos, ni pensarlo! Primero parecía que ganabas unos puntos de cara al Jefe, por chivato, pero una vez que volvía a hacer las paces con su mejor sabueso, ¡ni qué decir de las represalias que De Angelis se gastaba!



Satán estaba que ladraba de rabia. Quién sabría porqué. Se le habían hinchado las bolsas del cuello que parecía un cochino a punto de ser trinchado. Pero él sí sabía bien porqué. Aquella reunión entre el Cielo y el Infierno había sido planeada durante meses. Y por fin, después de largas negociaciones, tiras y aflojas, habían llegado a un consenso. Pero quien de verdad conocía la salsa de las negociaciones y los detalles, la letra pequeña, quien había estado en todo el tinglado, era su mejor comandante y sólo él. Satán tenía demasiadas cosas en qué pensar, demasiados actos supremos e indignos a los que acudir, así que las minucias no podía controlarlas. Por tanto, ¿cómo diantres se iba a presentar sin su súbdito primero? Seguro que Dios ya había llegado al encuentro, asquerosamente puntual y fastuoso como siempre, rodeado de bellas hadas y del locuaz Garcilaso, con sus relamidas arengas sobre las bondades de su Jefe supremo. ¡No los aguantaba, le daban picores de pensar en sentarse a la misma mesa! Pero había que hacerlo. La propia subsistencia del Infierno estaba en juego. No digamos lo que le había costado al rey del Bien aceptar una cosa así. En toda la eternidad es que jamás se habían puesto de acuerdo, lo que se dice de acuerdo, ni una sola vez. Peleas y confabulaciones los habían mantenido bien despiertos, siempre el uno frente al otro, contra el otro, tratando de imponerse por encima del adversario. Se complementaban y se proporcionaban mutuo equilibrio. Eran las dos caras de una misma moneda, la Eternidad, y, a decir verdad, la desaparición de uno suponía in extremis la aniquilación inmediata de su opuesto. ¿Qué sentido hubiera tenido el Cielo sin saber de la existencia de un Infierno a quien combatir? ¿Qué era el Bien si no se confrontaba con el Mal?



Y, muy a su pesar, había un tercero que les estaba ganando la batalla. Se llamaba Universo y era inabarcable, infinito. Y lo que es peor, carecía de religión ni de signo político. Universo era aséptico, cruel en su absorción y les estaba ganando el terreno, en definitiva. Como no tenía cara ni representante ni quien le gobernara, no había forma de llegar a un acuerdo, ni de virtudes ni de territorios. Entre Dios y Satán se tenían bien delimitados los espacios y hasta las víctimas. A veces se arrebataban el uno al otro según qué piezas valiosas, pero eso no importaba, de un modo u otro el equilibrio entre ellos estaba garantizado. Así había sido por los tiempos de los tiempos. El uno por el otro se garantizaban la mutua supervivencia, e incluso se hacían concesiones cuando los tiempos lo requerían. No desconocía Satán, aunque se hacía el sueco, que los primeros capitanes de ambos equipos, Garci por una parte y De Angelis por la otra, eran íntimos amigos y compartían más que coincidencias y amantes. Pero incluso esto era parte del trato entre los dos clanes, conformaba el mutuo entendimiento y hasta el juego sucio.



Sin embargo, Universo estaba amenazando con acabar con la pax mundialis de que disfrutaban, cada uno desde su terreno. Así que los dos reinos habían pasado los últimos meses debatiendo esta importante cuestión y consiguieron redactar una Declaración Magna de Buenas y Malas Ideas&Intenciones que ahora, por fin, se disponían a firmar. Era un Manual de Uso que les permitiría actuar y combatir a Universo desde la unidad de sus actuaciones. Parecería desde fuera que seguían batallando, pero la realidad es que lo harían conchavados y frente a la amenaza real de la desaparición del mundo bipolar, y con ello su progresiva pero segura extinción.



Bueno, pues apremiaba el tiempo y Dios era imperdonable con los retrasos. Satán tendría que viajar solo y apañárselas sin su ayudante. Pero ya se las vería con él a la vuelta, su furia sería inconmensurable y no habría fácil perdón para un sátrapa como De Angelis. Esta vez no se dejaría convencer con un subidón sutil de tono sexual. El comandante sabía cómo hacerle hervir la sangre de pasión, pero nada de eso, esta vez mantendría sus erecciones controladas y sería irreductible. Un desplante así era imperdonable. Y además, todos los inútiles que no habían sabido darle noticias de su paradero, mutilados de inmediato. ¡Venga, que no se dijera que Satán estaba perdiendo las riendas! Dio las órdenes pertinentes para que cuando volviera de la Cumbre no quedara ni un solo camara men con ojos, ni un rastreador con narices. ¿De qué servían si no podían hacer su oficio en condiciones? Todos condenados por este escarnio y reemplazados por carne joven y menos adoctrinada por el comandante. ¡Ya!



Enseguida se puso en marcha, dejando atrás gritos, lamentos y súplicas de perdón, pero Satán era implacable en sus decisiones. Se enfundó unos auriculares que le retransmitieran en directo las mutilaciones mientras hacía el viaje, y estuvo escuchando aullidos hasta que se quedó profundamente dormido, al hilo de unos masajes afrodisíacos que le perpetraron las esclavas de la nave.



*



Mientras tanto, en lugares más barriobajeros de las tierras del Mal seguían los festines carnavalescos. Las chicas de porno land iban por el cuarto orgasmo y los gritos se habían vuelto espeluznantes in the street. Rosalinda no aguantaba más agazapada entre los matojos de la esquina de la calle. Con estos calores y tapada hasta las orejas para no ser descubierta, iba necesitando algo más que una ducha. Y ese maldito De Angelis que no bajaba de casa de su madre, ¿pero qué estaría pasando allí? Mucho se temía que hubieran montado una buena, o bien se habían dado de palos o estaban en el catre pegándose un lote. Lo cierto es que ella no era capaz de seguir esperando ni un minuto. El hechizo a que se había sometido tenía unos plazos de caducidad que había que respetar, y no disponía de todo el tiempo de la eternidad para llegar a tierras celestiales, así que tenía que darse prisa. Lo primero era consultar el libro de los embrujos que había dejado olvidado, y saber de cuántas horas disponía para acometer sus planes. Lo segundo era darse una ducha y arrebatarle a su madre aquella bata de moaré plateada que llevó cuando se casó por primera vez. Había estado dándole vueltas, y era la única cosa decente que se podía poner para salir de allí y viajar a la Tierra a comprar modelitos. Pero claro, entrar mientras su madre y el comandante estaban de bacanal romana, pues era de lo más arriesgado. Su madre ni la reconocería y la acusarían de invasora, con lo que no quieras saber la que le esperaba. Aún así, tenía que arriesgarse, no se le iba de la cabeza que el hechizo no duraba eternamente en el Infierno, y tenía que salir de allí lo más pronto posible.



Además, contaba con la ventaja de que De Angelis se había dejado el portal abierto, dato nada desdeñable y que le indicaba que, probablemente, también la puerta de su casa estaría sin echar el pestillo, conociendo la poca vergüenza de su progenitora y del golfo mayor del reino. Con suerte estarían en faenas y ni la verían entrar... Así que, dicho y hecho, se enderezó y empezó a caminar oculta entre el velo y los rizos del cabello. Como se imaginaba, ningún soldado borracho le prestó la menor atención. Muchos de ellos ya habían desfallecido hacía rato, y yacían en aceras y balcones roncando, y los más valientes fornicaban sin parar y con los ojos en blanco. Entreabrió el portal y subió las escaleras, sin que se escuchara ruido alguno. Tal como preveía, la puerta de su casa se abrió a la primera de cambio, aunque sin poder evitar el clásico chirrido de siempre. Se quedó quieta en el umbral, pero nada, ni un alma. Entró de puntillas y pegó un respiro al atisbar la alcoba de su madre, apestaba a alcohol, a mermelada de naranja, y a semen podrido. La bruja estaba tumbada boca arriba, agarrada a un pitillo apagado en su mano derecha y al trasero del general con la izquierda, que a su vez dormitaba entre ronquidos y, lo más chocante, con el dedo pulgar en la boca, como un chupete. ¡Vaya exclusiva que le hubieran pagado en la prensa rosa de tener una cámara a mano! ¡El gran y terrorífico De Angelis dormía chupándose el dedo! La bella Rosalinda casi estalla de la risa, pero pudo reprimirse y siguió de puntillas hasta el cuarto de baño. Se desnudó silenciosamente y cerró la puerta para que no les despertara el agua al caer. A ver qué tal le sentaba una ducha fría a estas alturas. Como bruja, el agua helada le haría rechinar de dolor de huesos, aún con estos calores. Pero, si de verdad fuera un hada, una ducha fría sería alegría para el cuerpo. Encendió el grifo con cierto temor, y hete aquí que su hechizo no era una patraña, ¡hurra! Se dejó atrapar por el chorro helado durante un buen rato, sin temblarle ni los dientes, hasta que se le acabó el termo y el agua caliente la sorprendió de un chispazo. Cerró el grifo y bailó mientras se secaba esos muslos serranos. A pesar de que el agua de las casas en el infierno estaba preparada con cales y otros productos, para no dañarles excesivamente sus funciones básicas, no dejaba de ser una primicia que la hubiera soportado fría sin el menor tembleque, cosa que en sus tiempos de bruja de qué. Y otra cosa, no podía dejar de mirarse sus largas y bronceadas piernas, las nalgas simétricas y prietas, las curvas de su trasero redondeado que intuía y los labios carnosos y rojizos que se había visto en el espejo de Betún, antes de que la sorprendiera. ¡Era un deleite reflejarse sin enmudecer de susto! No debía perder un minuto más en este antro maloliente y perverso.



Fue al vestidor de Juanorra y encontró un tanto raída la bata de moaré. Claro, su madre no respetaba nada, seguro que se había pegado algún arrechucho con ella puesta. Pero ahora no tenía tiempo de remendarla. Si la acompañaba con un chal seguro que daba el pego, así que rebuscó entre sus pellejos y encontró uno negro que le hacía el papel. ¡Pero qué requetebién que le sentaban todas las prendas! ¡Estaba deseando llegar a París, la ciudad de la haute couture, a probarse las lindezas que tantas veces había visto en las revistas de contrabando! Siempre había suspirado por esos trapitos, y ahora estaban al alcance de su cuerpo. Claro que no de su bolsillo, pero en eso ya pensaría más adelante.



Coronó el habillamiento con unas sandalias que le regalaron para su graduación como brujilla iniciada (cuánto se habían reído todos de sus dedos como morcillas con ellas puestas) y se puso otra vez de puntillas para salir de allí por piernas (que ya no por patas, como antes, afortunadamente). ¡Oh, se le olvidaban dos cosas esenciales! La primera y más importante, consultar el libro de los hechizos; sin embargo, no quería arriesgarse a entretenerse leyendo y que se despertaran los amantes. Con su madre no había cuidado, porque después de una buena juerga dormiría varios días y noches sin rechistar, pero del comandante no podía fiarse, quién sabe si ese viejo pervertido tendría buen dormir. Mejor lo llevaba con ella y lo ojeaba en un lugar más seguro. Y lo segundo, no podía seguir luciendo ese aspecto angelical en el reino del Mal. Tenía que cubrirse la cara de algún modo convincente, así que rebuscó por los cajones hasta que dio con el semblante perfecto. Tenía una careta que utilizó para el último carnaval, que mostraba el rostro de una pobre leprosa. Todavía recordaba el impacto que causó con aquello en la fiesta, ¡vamos que nadie se le acercó en un perímetro de metro y medio hasta que les convenció de que era de mentiras! Y es que los demonios huían despavoridos de las enfermedades contagiosas sin cura, y en particular de la lepra y la sarna, que no sabían cómo combatirlas. Por mucho que trataban de captar a médicos terrícolas que les pusieran solución (eran enfermedades importadas del planeta de los humanos) no había manera, todos eran ateos y no les convencía nada lo de acabar en el Infierno. Y lo peor era que los demonios eran inmortales, así que enfermedad que atrapaban, les perseguía por los siglos de los siglos.



Pues bueno, una careta como ésta espantaría a todos los curiosos, y sino fíjate cómo había dado buen resultado con el Redentor y su trouppe, supuestamente los más sabihondos de todos. Era una idea buenísima. Se la puso y emprendió el camino.



Al pasar cerca de la alcoba de los enamorados no hubo ningún imprevisto, los ronquidos ahora se emitían a dúo. De Angelis ya no tenía el dedo en la boca, sino peor, ¡en el culo de su madre! Mejor pirarse cuanto antes, pensó la aspirante a hada, antes de ver a qué indecorosas posturas podían llegar. Toda la habitación era un desparrame de prendas y artículos de perversión, pero entre ellas encontró una interesante; del bolsillo del pantalón del amante de su madre asomaba una mullida cartera de piel blanca (¡vaya horterada!). ¿Qué hacía, se arriesgaba a cogerla? No había terminado el pensamiento y ya estaba andando de puntillas entre gallumbos y condones para alcanzarla. La abrió y se encontró un fajo de billetes que, a buen seguro, eran de contrabando, porque se leía “DEA&CO” en todos ellos y la cara de De Angelis estampada como si fuera un reyezuelo. Era, a buen seguro, su venganza personal por no ser más que un segundón en el reino del gran jefe Lucifer. Rosalinda no se lo pensó ni un momento y agarró un buen manojo de papelinas, fueran falsos o no daban el pego comparados con los que ella había visto de verdad, y algún uso les encontraría más adelante.



Salió sigilosamente de la casa, y ya en la calle se le escapó un portazo, pero ¿qué importaba ya? ¡Era libre! En el primer recodo del camino se pararía a leer bien todos los pasos antes de cometer ningún error imperdonable y, una vez lista, daría rumbo a París, ¡la ciudad del amor, el champagne y la alta costura!

jueves, 8 de julio de 2010

SIETE: PARIS MON AMOUR


‘Vaya cosas raras que se le ocurrían a su prima’, se dijo Rosalinda para sí mientras se apresuraba en salir de aquella choza. Además, ¡también era mala suerte que la hubiera pillado con las manos en la masa! Con lo difícil que resultaba cambiar de aspecto y de carácter en un mismo día, y ni siquiera un respiro, ¡ya le estaban pidiendo favores! Igual no era tan gran idea convertirse en un hada buena. Pero no había que olvidarse de que ella sólo había mutado el envoltorio, lo demás era otro cantar.

Betún tenía unas ideas de bombero. ¿Cómo hacerla pasar por princesa terrenal? Es que era de lo más peregrino, no tenía pies ni cabeza y ella era una intrusa que no tenía que haber aceptado ese trato. Si ni siquiera había conseguido auparse todavía en los reinos del Bien y ya tenía compromisos que pagar. Era lo que les pasaba a los afanosos en alcanzar la gloria celestial o infernal, que se metían a cumplir los caprichitos de los otros y acababan cayendo en sus propias trampas. Eso le ocurriría a ella, que la acabarían descubriendo por impostora antes de comenzar a deleitar los manjares de la plenitud. Y nada era peor castigo que un envío a los infiernos por traición. Ni malos hechizos ni vulgares travesuras, ni tan siquiera un exilio forzoso a la Tierra. Lo que ella quería conseguir era imperdonable, transgredía todas las leyes y pactos no escritos y, de descubrirla, ardería por y para siempre, sin otro quéhacer que pudrirse en una mazmorra oscura e incandescente. Tendría que botar allí dentro indefinidamente, pegar alaridos de socorro y, con suerte, sobornar a algún cancerbero que la llevaría a su casa como contrapartida y la convertiría en fregasuelos, pisacolillas, recibepalizas y apagasexos. ¡Uff! Su madre siempre contaba que de pequeña conoció a un hombre así. Un esclavo del abuelo Extremaunción. Llevaba años condenado en las mazmorras cuando el abuelo lo compró por cuatro perras, ajado y carcomido como estaba. Le pegaban constantes lametones al pobre, por sinvergüenza y renegado, decían, y le obligaban a bailar encima de cachos de vidrio hasta que caía roto en pedazos, mientras la familia se desternillaba de la risa. La propia madre de Rosalinda lo contaba con una hilaridad que daba escalofríos.

A Rosarito se le pusieron todos los pelos de punta sólo de recordar las desgracias acometidas por su propia familia a un traidor. ¿Qué no harían si les deshonrara uno de los suyos? En fin, había llegado hasta aquí y tenía un aspecto brillante y depurado. No tenía pues por qué temer, nadie la descubriría y conseguiría sus propósitos. Se había dotado de una gran serenidad con la transformación y la sola presencia de su prima egipcia había conseguido volver a desestabilizarla. ¡No señor, arriba los ánimos y a buscarse un plan!

No sabía si pasar por su casa a recoger un hatillo con sus cosas, pero pensándolo bien, ¿qué cosas? ¿Sus vestidos horteras o sus combinaciones deformes? ¿Qué pertenencias tenía ella que pudieran no deslucirla en el Cielo? Aunque, bien pensado, para presentarse con una túnica como ésta, también se necesitaba valor. Era transparente y acuosa, con alguna que otra mancha de chorizo al vino tinto. ¿Qué hacer? No tenía ni un céntimo, así que soñar con un caro vestido de las tiendas chic era impensable. Es más, cualquier tela que encontrara en el Infierno la delataría a las puertas del Cielo. Pues sí que es verdad, no había pensado en un detalle tan tonto como la ropa con que se iba a presentar. ¡Ni siquiera sabía cómo iban vestidas las hadas de verdad! A ver, ¿dónde había visto ella hadas de verdad? ¿Es que tenía alguna a mano? Había algunas series en la televisión que mostraban princesas y hadas con varitas mágicas y lentejuelas, pero no creía que fueran así en la realidad. Y las verdaderas diosas nunca se hacían fotos ni posaban para los reyes del mal. Una vez había pillado a su madre una foto de Garci con unas modelos australianas, pero aquéllas, a pesar de ser extremadamente guapas, no eran divinas sino simples humanas con rostros apabullantemente hermosos, ¡y estaban desnudas!

Pues la cosa no tenía fácil arreglo, y ella con ese rostro de musa sagrada es que no se podía pasear por las calles como si tal cosa, lo primero la iban a violar en un santiamén, y luego la denunciarían por estar en tierra de bandidos. Tenía que conseguir un disfraz o algo así. Se puso un pañuelo en la cabeza que había arrebatado a su prima antes de que llegara, y se cubrió el pelo rojizo y parte del rostro lo mejor que pudo. El sol todavía era abrasador así que, por suerte, seguían estando las calles desiertas. Apenas había pasado una hora desde que entró en casa de Betún, en realidad.

En eso que se disponía a echar a andar, escuchó un estruendo que ni los mismísimos rayos y truenos de Satanás. Miró hacia el lugar de donde provenía ese espantoso ruido y escuchó una voz que no podía ser otra que la de De Angelis. ¡Maldición, el mejor amigo de su padre pululando por el barrio! ¡A saber qué tejemanejes se llevaba entre manos el número uno de los mafiamen de las profundidades del Mal! ¡Y en un barrio tan impersonal como éste, qué mala suerte estaba teniendo con tanto encuentro fortuito!

-¿Pero qué ven mis ojos? ¿Una brujita mañanera? ¡A ver niña, quítate ese pañuelo que te vea bien la cara!

-¡Oh, Señor, se lo ruego, estoy aquejada de una lepra contagiosa y destructora! ¡Se lo ruego, no me humille teniendo que mostrar esta pesadilla a sus soldados, por el mismísimo Satanás se lo suplico!

-¿Qué? ¿Todavía existen esas enfermedades transmitidas por los humanos? ¿Qué eres, por qué tienes eso? ¡Aparta, no te acerques y habla con la boca tapada, por tu padre!

-Sí, Señor, sufro un castigo que no tiene fin, por algo que hicieron mis antepasados.

-Sí, ¿eh? ¿Y qué se te ha perdido por la calle a estas horas, pequeño esperpento?

Sonaron las carcajadas de todos los militares que acompañaban a De Angelis, mientras Rosalinda tuvo que aguantar cómo le metían una espada por debajo de la túnica para verle el trasero.

-¡Pues no tiene malas piernas, la condenada! Mire jefe, ¡si no fuera porque es una leprosa bien que nos íbamos a poner las botas!

-¡Oh, ahhhh!- gritó Rosamunda en su desesperación.

-¡Aparta cabrón! ¿No ves que ahora tendrás que deshechar esa espada para evitar el contagio?

Todo el mundo en el Infierno sabía que De Angelis era un aprensivo de narices, y que si algo no soportaba eran las enfermedades contagiosas. Había estado aguda Rosalinda, no se podía negar.

-Bueno, bueno, vámonos sin perder tiempo. Y tú, vieja podrida, no te pasamos a cuchillo por si las moscas, vete para la leprosería y no salgas de allí nunca más. ¡Si te vuelvo a ver te quedarás sin piernas, más que imbécil!



Rosalinda transpiraba de miedo. Ahora no sólo tenía que cambiarse de ropa sino que necesitaba una ducha, ¿cómo iba a presentarse en los cielos con esta pinta y un olor a sudor tan poco elegante? Pero, pensando un momento más en Mafiamen, ¿qué hacía allí De Angelis? ¿Y si seguía a la troupe y conseguía alguna información que le pudiera ser valiosa en el futuro? El riesgo de que la sorprendieran espiándoles era remoto, puesto que estaban borrachos y zancudos. A duras penas conseguirían avistarla si les vigilaba de lejos y por la espalda, y quién sabe qué podía descubrir.

Así que se agazapó dentro de su túnica, con los rizos del sedoso cabello bien escondidos, y corrió en pos del clan mafioso-militar. Estaban todavía nada más doblar la esquina, discutiendo de quién había sido la culpa de estrellar el jeep contra una farola, y De Angelis daba órdenes sobre cómo fijar los hierros en su sitio y seguir faenando. En unos minutos más consiguió organizarles para trabajar, mientras él se fumaba tranquilo un puro cobijado a la sombra de un árbol, y cuando hubieron terminado les echó unos escupitajos en la cara y se pusieron en marcha. Como el arreglo del motor era chapucero, no avanzaban demasiado rápido entre los surcos y los baches, facilitándole a Rosalinda la labor de perseguirles.

Con gran asombro por su parte, el camino que llevaba el convoy era el mismo que hubiera tenido que hacer ella para llegarse a su propia y mismísima casa. ¿Qué estaba pasando allí? Siguió extremando las precauciones hasta que se adentraron en la calle de los milagros, y no dio crédito cuando les vio marcar el timbre del número siete. ¡Era la casa de Juanorra!

Horrorizada, esperó a ver qué pasaba. Eran más de las dos de la tarde, así que su madre de sobras debía haber llegado de su juerga nocturna y andaría devorando alguna vianda o, peor, durmiendo la mona. Y nada más desagradable que despertarla haciendo la siesta. Le hubiera chillado al propio Satanás de presentarse a esas horas.

De Angelis llamó insistentemente y pavoneándose entre sus acompañantes. Todos parecían asustados de despertar a la bruja con la lengua más viperina y las garras más afiladas de todo el imperio, que bien conocida era. Sin embargo, su jefe parecía tenerlas todas consigo cuando aporreó la puerta y gritó el nombre de aquella afamada y fea vieja perversa. Siguió insistiendo tanto que consiguió despertar a algunos de los vecinos, que se asomaban a las ventanas y al ver tanto jaleo cerraban de inmediato. Nadie se las quería ver de cerca con el Angel redentor, como le llamaban a veces.

-¡Juanorra my dear!- dijo el infernal sujeto, haciendo acopio de su sabiduría idiomática - ¡traigo suculentas nuevas, abre, por todos los príncipes y en nombre de las musas!

Voilà! Había pronunciado la palabra mágica, “musa”, y apenas tres segundos después una llave inglesa poco reluciente y más bien resbaladiza voló desde la ventanuca del cuarto piso esquina derecha. ¡Clink! Los soldaditos de pro que acompañaban a De Angelis no hicieron más que reafirmarse, ¡vaya jefe bravucón que tenían, más valiente que los diablos y con las mejores influencias hasta en los barrios bajos! ¡Nada les detenía a él y a su banda de piratas! Muy ufano, se dispuso a recoger la llave del suelo, e inmediatamente Rosalinda desde su escondite tuvo que contener una carcajada al ver la cara de estupor del capo cuando ésta se le quedó pegada entre los dedos. La cerda de su mamá acostumbraba a comer mermeladas viscosas con las manos a estas horas, y seguro que había arrojado la llave por la ventana con los mismos dedos bien pringosos y chupados. ¡Así que el finolis de De Angelis, que se las daba de señorón de las altas esferas, no había conseguido infundir el respeto merecido! ¡Su madre desde luego que era la más caradura del reino!

Aún después del agravio, De Angelis decidió ignorar sus finezas y proseguir en su empeño. No dejaba de pensar en cómo iba a cobrarle a Garci un favor como éste. ¡Ni diez negocios con nikkeis eran suficiente premio para superar este mal trago, que además sólo había hecho que comenzar! Se dispuso pues a entreabrir el portal de la vieja, sin atreverse a pasarle la llave a ninguno de sus esbirros para que se moquearan del asqueroso mejunje que llevaba untado. Abrió con decisión y les ordenó que esperaran abajo, mientras él trataba de unos importantes asuntos con la bruja. Ni qué decir tiene el contento de los chavales, que, borrachos como cubas, empezaron a chillar y a despertar a todo el vecindario buscando chicas para pasar el rato. Las chiquillas adolescentes salían a los balcones a medio maquillar y azoradas por la novedad, mientras que sus hermanas mayores, más bregadas en estos menesteres, las apartaban rápidamente para ofrecer sus camisones y sus dientes de oro macizo a los jóvenes del Ejército del Mal. Escotadas, pechugonas, arrugadas, carnosas, afiladas, las había de todos los tipos, y todas se mostraban en su plenitud. ¡A pesar de estar el sol muy alto todavía, no eran tantos los días en que los prestigiosos soldaditos del primer escuadrón se paseaban por estas aceras tan poco glamourosas! En pocos minutos toda la calle estaba alborotada y los besuqueos y palmeteos se sucedían de un extremo al otro. Los balcones eran puro deleite de voyeuristas de mal gusto, y hasta el asfalto jadeaba humedades.

¡Vaya jolgorio que se va a montar a mi costa!, pensó De Angelis mientras subía pesaroso las escaleras que le conducían al piso de la fea Juana. Desde luego estaba más fatigoso que la última vez que vino por aquí. ¿Acaso vivía ahora más arriba la vieja leyenda? ¿O eran sus piernas y los años, que no pasaban en balde ni para los demonios más acicalados? Desde luego que tenía que hacer más deporte, a la vista estaba, se notaba el corazón acelerado, como si fuera un vulgar terrícola.

-¿Qué quieres, viejo despellejado? ¿Te sudan los huesos por mí o es que tienes alguna noticia que darme? ¡Anda habla que te cierro la puerta en las narices como sea otra cosa!

¡La respiración entrecortada del Angel redentor desde luego no era la de una gacela ligera y ágil! Sin embargo, ya le daría él a esa zorra unos buenos azotes para que le guardara el respeto debido a la autoridad más inmediata. ¡Vaya curvas que se le habían puesto con los años a la Juanita, por otra parte! Estaba como un queso de bola, y chorreaba mermelada por la boca ¡puaj! Quizá las noticias podían esperar y antes se podían dar un revolcón de mil demonios; aún recordaba los achuches de la vez anterior. Dos cerditos parecían, él atado a la pata de la cama y J haciendo unos sutiles trabajitos que le hicieron temblar por dentro y aullar por fuera, ¡madre mía! Era mejor no acordarse, le volvían los sudores fríos sólo de recordar los dedos como cuchillas y las peludas piernas de la vieja haciéndole cosquillas, ¡qué de sensaciones! No es que a él le fueran mucho las mujeres, pero ésta de fémina no tenía nada, si acaso de bestia. Fue después de aquella semana infernal cuando se la recomendó a su amigo Garcilaso como la plata más fina del reino, y desde entonces, oye, les habían entrado unos amores el uno por la otra que él no había vuelto a catar las suculentas grasas de…

-Bueno qué, ¿sueltas prenda o te voy a tener que torturar…?- se le escapó una sonrisita a la bruja, tampoco ella había podido olvidar las barbaridades que le hizo en la última rencontre, ¡qué sudores y qué amargura más placentera! Desde luego no era tan guapo como Garci, ni decía esas cosas tan poéticas que ella no entendía ni jota, pero ¡vaya miembro tenía el amigo, fofo pero más suculento que comer con los dedos! Estaba chorreando sólo de pensarlo.

-Bueno, pues a lo que íbamos. Hablemos de negocios, Juanita. Enfúndate esos muslos que perderé la cabeza y estoy para pocos trotes. Un achuche tuyo es que me deja inconsciente para una semana, así que no son horas éstas… ¡quita de ahí la mano, vieja zorra, que me pierdo y no estoy en lo que estoy! Ni sabes la de trabajo que tengo todavía para hoy, aún me toca subir para los cielos y cerrar un negociete que, si sale, me va a poner en la gloria maldita y en el top ten de la lista de elegidos de Satán, se le van a poner los cuernos más afilados que nunca cuando sepa lo que tengo entre manos… ¡Y tu Garci me mete en estos líos precisamente hoy, claro que sin él mi negociete al carajo igualmente! Así que cuanto antes te diga lo que tengo que decirte …

-Pero lucero, éste no es mi Angel Redentor de otrora, ¿qué han hecho contigo? ¿O es que ya no soy la que te pone más cachondo, condenado?

-Nada, nada, a otro zorro con esas carantoñas, tú resérvate que tienes mucha faena que se te avecina. Te traigo esta carta de los Cielos. Fíjate si será su necesidad que me ha hecho venir a mí para ponerte en guardia. Parece que el Bello Garci está como un caramelito pensando en tus delicias, así que tú verás.

-¡Nada me gustaría más, pero anda que están los tiempos buenos para idilios prohibidos! Satán y sus secuaces llevan un control riguroso de las entradas y salidas, y como no viajes con VIP o seas de la guardia militar, bueno ¿qué te voy a contar a ti?

-Sí, el otro día pillamos a una reinona, una drag queen de ésas, tratando de sobornar a un custodio para entrar en el Infierno por la puerta falsa. Debió pensarse que así vestida, o vestido, pasaría como uno más entre nosotros. ¡Jahh, a mí con esas tretas, si me las sé todas! Le he prometido al Jefe que aquí no se cuela un solo humano más, por muy perverso que sea, como no venga de esclavo. Así que ya no hay privilegios ni para científicos ni para pensadores, es más, los estrategas militares también están restringidísimos. Antes eran lo más inn, captar a un genio de la guerra aunque fuera terrestre, estaban valoradísimos y si fichabas a uno subías diez puntos de golpe en la escala del Ejército. ¡Pues ni ésos valen ya! ¡Ni siquiera la guerra está de moda! Con lo que ya te figurarás lo difícil que se han puesto las cosas para De Angelis&Co., es que no ganamos para disgustos.

-¿Y si yo me doy el piro de aquí por unos días?

-¿Ir tú por los Cielos, con esa pinta de vieja bruja que te gastas? ¿De qué, vieja chocha?

-¿Y quién te ha dicho a ti que mí me interesan los Cielos para algo? Putos ángeles, si no fuera por esa musa mala que me hace perder la cabeza, un zambombazo que les daba yo a todos esos cursis, ¡vamos que vomitaría sangre antes de poner una patita en ese antro de virtud!

-No, si desde luego no está hecha la miel… Bueno, pues vaya, ¿qué ocurrencia has tenido entonces?

-Pues pensaba en algo más lascivo, una noche en Pigalle, o en el barrio rojo de Amsterdam, o una cita en el Bronx…

-¿Estás pensando en citarte con Terminator en la Tierra, como hacíais de pipiolos?- reparó De Angelis asustado y animado a un tiempo. -¡Claro, es una idea genial! ¿Por qué no se me habrá ocurrido a mí?

-Lo ideal sería un escenario bélico. Una buena tunda de palos entre tribus rivales, ¿cómo se llamaba aquel genocidio africano, Ruanda Burundi? Un festival como ése no he visto yo igual, aquí es que nos relamíamos por la tele viendo la sangre, las cabezas cortadas, los miembros mutilados…

-Sí, ésa sí que fue una buena matanza. ¡Qué tiempos! Pero de todos modos como en las épocas medievales no he vuelto a ver nada tan hermoso. Eran unos cuerpo a cuerpo fabulosos, donde la sangre humana es que estaba para chuparse los dedos. Y además nos venían uno a uno, se mataban a cañonazos y no con esas bombas de ahora. ¡Hala, tiran un racimo y de golpe y porrazo se nos acumula la faena! ¡Miles de moribundos debatiéndose entre el Infierno y la nada! ¡Y sino con la moda de las inmolaciones por Alá! ¿Qué mosca les habrá picado? Mueren como héroes, y buenos son luego para que les convenzas de que se vengan contigo a fregar suelos, quitar ladillas y lavar culos de vieja. ¡Jahhh! Se ponen violentísimos y aporrean las puertas del Bien hasta que caen desfallecidos. Vamos, que si no fuera porque las puertas del Cielo están insonorizadas y a prueba de bomba nuclear, ¡buena la que les había caído ahora con los protegidos de Alá!

-¡Este Dios, o Alá, o como se llame, es que es un caso, mira que no avisarles de nada! De todas formas es que es un tío que no es nada natural, porque Satán, pues tendrá toda la perversión que quieras, pero oye, es legal dentro de sus cosas, lo llamas y se encuentra, le pides algo y te hace una pifia, pero, ¡coño se manifiesta! Además, que se pasea por las fiestas cuando menos te lo esperas, y anima un entierro si es necesario.

-¡Sí señor, ése es mi Jefe! En cambio Dios, te doy la razón, Garci dice que es un tío serio y bondadoso, pero desde luego vamos, soso como nadie. Buena prueba de ello que cuando Garci se va con él de parranda por alguna mision divina, vuelve como pájaro enjaulado y con más ganas de fiesta, alcohol y sexo que unas castañuelas… ¡Si es que esa gente no se relaja! Y además, vaya cara, porque los humanos es que no paran de esforzarse y hacer méritos, ¿y cuántos conoces tú que luego hayan entrado a conocer las mieles del éxito?

-Terminator lo dice bien clarito siempre. ¡Menudo montaje tienen ellos como para que venga nadie a fastidiarles el invento! No trabajan, no se ensucian, no necesitan ni servicio, como aquí, así que, ¿de qué les servirían cuatro matados paletos de pueblo? Vamos, que no es que me den envidia, porque por no hacer faena es que ni comen, sus cuerpos celestiales no tienen necesidad alguna. Sin embargo, insisto en que a los humanos los tienen engañados de por vida, y luego se la pegan contra un muro de silencio. ¡Porque a Dios que le busquen, que le busquen, a ver si se manifiesta!

-Alguno que otro lo ha conseguido, pero de no ser algún genio virtuoso que les sirva para sus fines… Aunque de eso me está vedado hablar…

-¡Ya estamos con los misterios! Garci se comporta exactamente igual que tú, en cuanto empieza la conversación a ponerse interesante os vais por el foro y si te he visto no me acuerdo. ¿Qué carajo de planes archisecretos os lleváis entre manos los unos contra los otros?

-Es una contienda sin fin, bien lo sabes. ¡Mis labios están sellados y ni por una vieja sabuesa como tú haría una excepción!

-¡Ah, qué rabia me da este secretismo! Pero ni el propio Satán conseguirá quitarme el sueño con sus planes universales. Al cuerno con vuestras pesquisas para conquistar el Universo. ¡Nunca será vuestro! ¡Nunca será de nadie! He leído que está en constante recesión-expansión y que es más poderoso que diez Dioses y Satanes juntos, y que ni el Bien ni el Mal conseguirán conquistarlo y atraerlo para su causa. ¡Jah!

-¡Mira qué bien, ahora además de puta te has intelectualizado! ¿Es que en este vecindario de baja estofa reparten prensa ahora? ¿A qué fines?

-El internet funciona para todos, idiota.

-¡Maldito instrumento! Esos humanos lo van a pagar caro, acabaremos con sus medios digitales de largo alcance antes de que puedan hacernos algún daño.

-¿Desde cuándo les habéis cogido miedo a los terrícolas? ¡Esto es nuevo!

-No seguiré chismorreando con una vieja bruja como tú. No puedes saber más de lo que sabes. Así que volvamos al tema que nos ocupa, Juana, ¡por tu padre!

-¡Mi padre! ¡Ese sí que era un héroe! Tú a su lado eres un mequetrefe, así que ni le mentes.

-¡Eres incombustible, vieja arpía! ¿Entonces dónde quieres preparar el encuentro?

-Mejor aún, ¿cómo saldré del Infierno?

-Eso te lo arreglo fácil. Unos trabajitos bien hechos a los guardas Cabeza Cortada y Cabeza Rota, y el mundo es tuyo, pendeja.

-¿A esos dos inútiles? No sé si querrán siquiera, la última vez que les pedí un favor tuve que salir por las patas cuando se me escapó un mordisco y mutilé a uno de ellos.

-¿Qué me cuentas? ¡Si te tienen por una vieja gloria! ¡Cabeza Rota dice que no han vuelto a morderle el miembro con esa fiereza y que haría por ti lo que le pidas!

-Pero si casi se desangra…

-Sería por eso, si no tiene medio dedo de cerebro…

-Pues mejor que mejor. Yo le babeo lo que haga falta, mi Garci se merece eso y mucho más.

-¡Di que sí, chochita! Entonces, ¿dónde quieres que formalice el encuentro? Como zona caliente, desde luego el Oriente Medio está más on fashion que nunca…

-No, mejor no. Recuerda que el príncipe blanco no soportaría un evento muy sangriento.

-¡Si es verdad! Pero bueno, y digo yo, ¿qué le habrás visto tú a ése? Conmigo tenías que haber caído, y menuda la que íbamos a montar…

-¡Sí, sí...! A ti te van los marineros y los culos en pompa, me dejarías a la primera de cambio, tú no me miras como me mira él.

-Pues sí, eso sí que tienes razón. Bueno, venga, ¿entonces qué quieres? ¿Un sitio romanticón o qué?

-París es la ciudad de la que siempre habla el Angel, y allí nunca hemos estado. Claro que... una cita en la Torre Eyffel, pongamos por caso, o en Montmartre, y creo que me darían vómitos. Algo más perverso necesito...

-Aunemos voluntades, pues. Que sea París, la ciudad del amor, pero en un antro repleto de alcohol y putas. ¿Qué opinas?

-Supongo que en un lugar así, aunque fuera París, sabré cómo moverme.

-Tampoco creas, a la larga no hay tanta diferencia en el look de una puta de Pigalle y una divina infernal. Metido en faenas ya es otra cosa, y desde luego tu fealdad es que es inigualable... pero sí, allí te sentirás más cómoda y conseguirás que nadie te identifique con las fuerzas del Mal más oscuro.

-No se hable más, pues, viejo carcamal. ¡Y ahora démonos un revolcón, quiero ver esa salchicha que tienes escondida, a ver si está tan pelleja como tú!

Juanorra comenzó a desvestirse con desparpajo, mostrando sus carnes flácidas y ajadas, los pechos colgantes, las nalgas peludas y las patorras de puerco espín que habían hecho de ella una negra leyenda. De Angelis se relamía las barbas de gusto mientras contemplaba la antesala de la gloria. Se le removieron las tripas y el culo se le hizo mantequilla mientras se carcajeaba con las cosquillas que le hacía la vieja.